martes, agosto 25, 2026
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Países del Golfo Pérsico intentan facilitar regreso de grandes petroleras a Venezuela

Durante años, los mayores yacimientos de gas natural de Venezuela permanecieron atrapados bajo el mar debido a la incertidumbre política, las sanciones internacionales y el temor de las multinacionales a perder sus inversiones.

Hoy, ese estancamiento comienza a destrabarse gracias a una fórmula inédita: la entrada de poderosos socios de Medio Oriente que actúan como un escudo financiero y diplomático.

En las aguas de la Plataforma Deltana, al este del país, reposa una de las reservas de gas más grandes del continente. Para poner en marcha este gigante energético, corporaciones tradicionales de Occidente como la británica British Petroleum (BP) han decidido no asumir el riesgo en solitario.

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La estrategia consiste en repartir la mesa en tres partes iguales: una porción para la petrolera británica y el resto en manos de fondos e inversionistas de Qatar y Abu Dhabi (Emiratos Árabes Unidos).

Esta alianza responde a una lógica sencilla de reducción de riesgos. Para una multinacional europea o estadounidense, inyectar miles de millones de dólares en Venezuela representa una apuesta expuesta a los vaivenes de la política exterior y a cambios regulatorios imprevistos.

En contraste, las petromonarquías del Golfo Pérsico cuentan con una enorme liquidez, horizontes de inversión a largo plazo y una probada capacidad de mediación diplomática que les permite mantener canales abiertos tanto con Washington como con Caracas.

Al asociarse con ellos, las empresas occidentales encuentran una garantía de estabilidad que antes no tenían. 

La viabilidad del plan se apoya además en una solución práctica para la exportación. En lugar de construir costosas plantas de procesamiento en suelo venezolano —lo que tomaría años y presupuestos multimillonarios—, el gas extraído viajará por tuberías marinas directamente a la vecina isla de Trinidad y Tobago.

Allí se aprovecharán las plantas ya existentes para licuar el gas y enviarlo en barcos hacia los mercados internacionales, asegurando ingresos rápidos y abastecimiento para la región.

El mapa energético venezolano entra así en una etapa profundamente pragmática. Lejos de las viejas disputas ideológicas, el país comienza a reactivar sus riquezas submarinas mediante alianzas donde el dinero del Golfo Pérsico sirve de puente para que los gigantes energéticos globales vuelvan a operar en el Caribe.

Con información de Banca y Negocios.

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