La gerencia “analógica” seguirá siendo necesaria por mucho tiempo en el campo organizacional y empresarial. Es un mito que las nuevas tecnologías vayan a reemplazar el aspecto humano en la dirección de organizaciones. Difícilmente alguna tecnología podrá igualar la integración del factor humano, sensible y crítico, junto con la experiencia que se construye a partir de aciertos y desaciertos. Esa experiencia no puede ser percibida por un sistema de Inteligencia Artificial1 de la misma forma ni generar los mismos aprendizajes para el usuario.
Por esta razón, es necesario revisar las dudas o los prejuicios que ha producido el uso de nuevas tecnologías en la gestión estratégica; dejar de lado los temores innecesarios al uso de estos recursos y comprender cómo pueden impactar positivamente en el desempeño profesional de gerentes, emprendedores y líderes de proyectos.
En pleno 2026 ya es más común, que hace un año, hablar de inteligencias artificiales, aunque estas herramientas todavía se encuentran en etapas de prueba y mejora. Por mi parte, admito que comencé a incursionar en ellas un poco tarde: no veía necesario usar un procesador que respondiera mis preguntas si ya contaba con otras herramientas capaces de indexar información en buscadores y organizarla para mi uso. Pero, con la práctica, he entendido el valor real de incorporar una herramienta de IA dentro de mi gestión de planes y proyectos. Así fui superando esos “miedos innecesarios” e incorporé a mi arsenal de habilidades el uso crítico de estos modelos de asistencia digital para optimizar mi tiempo, generar procesos más expeditos e impactar positivamente mi desempeño.
Desde esa experiencia, el aprendizaje principal es que no ha sido necesario sustituir el criterio humano por tecnología, sino aprender a usar la IA como una herramienta de apoyo que amplía la capacidad de análisis, organización y respuesta. A partir de ese proceso, he identificado tres aprendizajes que comparto a continuación.
Lo primero es que el factor humano es y será sumamente necesario al momento de implementar tecnologías de IA. Una IA es un asistente lógico virtual que interpreta tus solicitudes. Incluso, si la entrenas, puede razonar rápidamente sobre tu rol y alimentarse de la información necesaria para responder a los aspectos que más te interesan. Es sumamente eficiente para buscar información en la web, resumirla y sintetizarla en esquemas útiles para analizar, estudiar y presentar a otros. Estas tareas facilitan mucho el día a día de quienes debemos estar actualizados en nuevos conceptos gerenciales, tendencias, análisis del mercado, nuevas tecnologías o puestos que implican toma de decisiones bien documentadas.
Sin embargo, el criterio y la experiencia humana siguen siendo necesarios e irremplazables. El criterio, como decía Savater en uno de sus libros, es “el cedazo” que permite cernir y separar lo correcto o pertinente de aquello que no lo es. Esto es innegociable en todas las áreas de la vida, sobre todo cuando se trata de nuestra labor profesional. Vale la pena acotar que aun las IA poseen márgenes de error: en ocasiones tienden a rellenar información cuando lo solicitado no es común o generan aportes descontextualizados de la realidad del usuario. De ahí que sea preciso hacer un uso crítico y profesional de estas herramientas, para que lo que se aproveche de ellas no quede sin filtrar y pueda analizarse en función de su validez y pertinencia.
En segundo lugar, la proliferación de gurúes y entrenamientos sobre IA puede abrumar a quienes aún no se han atrevido a usarla. La tendencia es pensar que su uso es costoso, que hay que ser experto para aprovecharla o que resulta inalcanzable, especialmente para quienes hacemos vida dentro de la realidad económica venezolana. Pues bien, así como las IA deben ser contextualizadas, también debe contextualizarse la forma de enseñar o entrenar para su uso. En Venezuela, por ejemplo, hay que sortear bloqueos de códigos IP, limitaciones en los métodos de pago para contratar servicios internacionales y complicaciones cotidianas como la falta de servicio eléctrico o una falla de conexión que impide asistir a una clase en línea facilitada desde el exterior. Nuestro reto local es identificar fuentes fiables para aprender sobre el tema, accesibles a nuestra capacidad económica actual y, sobre todo, coherentes y aplicables a la realidad nacional.
En tercer y último lugar, la predisposición a lo tecnológico siempre ha generado una sensación de “incapacidad” porque se presume que es excesivamente complejo. Desde los abuelos que le temen a usar un celular hasta las madres que aún no saben manipular su cámara, para algunas personas la IA no parece ser una herramienta que puedan usar o que consideren necesaria. La realidad es que no es así: una vez que desarrollas las habilidades básicas y los conocimientos necesarios para hacer uso de ella, lo demás es entrenamiento. Su incorporación a la dinámica diaria de tu labor será más simple de lo que piensas. No hay que ser experto en programación ni un genio de las tecnologías para aprovechar el potencial de estos recursos y avances tecnológicos; si te animas, podrás sacarles el máximo valor.
A la fecha, llevo adelante una cartera de más de diez proyectos en simultáneo, y antes invertía mucho de mi tiempo en el control personal de cada equipo para acompañarlo y formular nuevas estrategias que contribuyeran al éxito de cada iniciativa. Puedo decir, tanto por la investigación constante sobre nuevas formas de optimizar mi tiempo y ser más eficiente en lo que hago como por la experiencia de haber incorporado estos recursos a mi gestión, que vale la pena deslastrarse de cualquier pensamiento limitante y abrazar los aportes que la tecnología hace a nuestras vidas.
Eso es precisamente lo que he experimentado: ya superé esos miedos innecesarios y espero que tú también puedas hacerlo. Próximamente estaré impartiendo un workshop de IA aplicada a la gestión estratégica en el contexto venezolano. Si quieres saber más, visita mi Instagram para revisar las coordenadas y sumarte a esta experiencia humana de aprendizaje, intercambio de información y crecimiento profesional, adaptada a esta era de la tecnología y las comunicaciones.
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